¿EXISTE UNA MENTE MÁS ALLÁ DEL CEREBRO? (I)

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En la era sensitivo-racional actual todo aquello que esté más allá de lo perceptible y que la carencia de evidencia científica deje fuera de nuestras posibilidades de consideración pasa a ser algo inexistente. En algunos casos será realmente así, y la ciencia será una gran herramienta para deshacer cualquier creencia incoherente con la realidad, sin embargo, en otros casos nos hará caer en el absurdo del miope que niega la existencia de algo que es incapaz de ver…porque no tiene gafas!

Algunos niveles de realidad, que escapan a nuestra percepción sensorial directa, hacen necesaria la tecnología para poder llegar a observarlos, al menos a todo aquel que obtenga información “mirando fuera” (ciencia actual). Esto hace que el desarrollo de herramientas de observación cada vez más potentes sea una variable importantísima en el progreso científico. Por lo tanto, todo aquello que la ciencia, servida de herramientas de observación pobres, consideró inexistente ayer, podrá pasar a ser una realidad cuando disponga de herramientas más potentes y precisas, es decir, cuando tenga las “gafas” que le permitan observar ese nivel de la realidad.

Teniendo esto claro podemos plantearnos la existencia del alma, o mente, de la siguiente manera; ¿Realmente no existe el alma, o más bien es algo que nuestras herramientas de observación aún no nos permiten captar? A mi juicio, la respuesta a esta pregunta está más cerca de la segunda opción, aunque con un pequeño matiz; nuestras herramientas de observación SÍ nos permiten captar esa realidad.

Bien, supongo que al leer esto habrás reaccionado expresando tu extrañeza, ya que el paradigma o marco de pensamiento occidental actual sostiene que el alma es una especie de mito o quimera del pasado descartado gracias a la ciencia, según la cual somos simplemente un cuerpo de materia densa destinado a desaparecer antes o después, con lo que también desaparecerá todo lo que somos (dando pie a toda una serie de ideas y reflexiones que pasan a conformar el axioma fundamental sobre el que la persona se plantea su Vida).

Sin embargo, esta visión de las cosas de la que se enorgullece el hombre de ciencia occidental hipnotizado por las formas exteriores, sería una verdadera aberración en cualquier otra época de la historia humana. El orgullo de la razón, servida de la tecnología, nos ha llevado a descartar todo aquello que no seamos capaces de observar, en lugar de reconocer las propias limitaciones y dejar abierta la posibilidad de su existencia. Es como si existiera una jerarquía de valor de las ideas, ocupando la posición superior la ciencia, el nuevo Dios,  de forma que todo aquello que ella rechaza, pasa a ser considerado por la masa como algo ridículo, absurdo, sin sustancia. Del mismo modo, todo lo que el nuevo Dios dice que sí es real, pasa a ser la verdad absoluta.

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Esto significa que la ciencia es la principal suministradora de ideas del paradigma actual, es quien determina qué es posible y qué no lo es, qué es real y qué no lo es, de manera que delimita la amplitud de nuestra realidad, de nuestro pensamiento, marca hasta dónde es sensato extender nuestra capacidad de pensar, determina los límites de nuestra imaginación…encierra nuestro pensamiento en un espacio limitado.

Esto es lo que sucede cuando en nuestra jerarquía interior permitimos a la ciencia ocupar un lugar que no le corresponde. Debemos poner a la ciencia (la ciencia basada en mirar fuera) en su lugar, que no es, desde luego, encabezando esa jerarquía. Ese tipo de ciencia es muy útil, y debe tener un lugar importante en la jerarquía, pero debemos colocar en la cima de la misma a la ciencia basada en “mirar dentro”. No podemos permitir que simples ideas pertenecientes al nivel mental nos cierren la puerta de acceso a lo que está más allá de ellas.

Bueno, en la segunda parte profundizaré en la razón que me ha llevado a decir que nuestras actuales herramientas de observación sí nos permiten captar la existencia del alma. Adelantaré que no me refiero a que mirando dentro de uno se puede llegar a ella, sino al hecho de que actualmente existe la posibilidad de observar y medir, acogiéndonos al método científico, el alma o la psique.

 

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